En los próximos años, la cara visible del cambio climático en Colombia irá más allá de las emergencias y los desastres y se traducirá en un sinnúmero de consecuencias que afectarán principalmente la mesa y el bolsillo de los colombianos.

La semana pasada, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) dio a conocer un detallado análisis –como nunca antes había tenido el país– de cómo y por qué los municipios son vulnerables a los efectos del aumento de la temperatura y el cambio en el régimen de lluvias, productos del calentamiento global.

 

El documento, de más de 300 páginas, es revelador: 15 de las 32 capitales están en alto riesgo ante los escenarios que se proyectan para el 2040. Aunque podría parecer un largo lapso, en realidad son apenas dos décadas para que Colombia desarrolle una economía adaptada al clima. Así que el tiempo está corriendo en contra nuestra y ante el lento proceder estatal.

El talón de Aquiles de nuestras ciudades, especialmente de grandes capitales como Bogotá, Medellín y Cali, son dos elementos básicos para la vida misma: el agua y la seguridad alimentaria. La disponibilidad de alimentos es el sector que más hace vulnerable al país, que ya de por sí está entre las 15 naciones más amenazadas por el cambio climático.

"Se calcula que dejen de existir cerca de 50.000 hectáreas de costa. La Guajira y Atlántico son los departamentos que más están perdiendo su línea costera por el ascenso del nivel del mar"

 

El termómetro y el tiempo no dan tregua. La temperatura ha aumentado 0,8 °C en treinta años, y se espera que el aumento total sea de 2,14 °C para finales de este siglo. Y no son simples cifras: la realidad es que alimentos como la yuca, el café, la papa y el arroz perderán cientos de áreas cultivables por la transformación de las condiciones climáticas, y el clima golpeará la economía nacional en sectores como la vivienda y la infraestructura, de no tomarse las adecuadas medidas de adaptación.

El riesgo para los poblados costeros es evidente. Se calcula que dejen de existir cerca de 50.000 hectáreas de costa. La Guajira y Atlántico son los departamentos que más están perdiendo su línea costera por el ascenso del nivel del mar. Pero, hacia el futuro, Nariño, Chocó y Valle del Cauca serán los más afectados. A ello se suma la pérdida incesante de los seis picos nevados, que en menos de 30 años dejarán de engalanar los paisajes colombianos. Es innegable que el país tiene una completa certeza de su alto riesgo.

Además del estudio, la semana pasada el Ministerio de Ambiente reveló la primera política nacional de cambio climático, y el Congreso de la República aprobó la ley que ratifica la adhesión de Colombia al Acuerdo de París, el primer gran pacto global para evitar que el planeta se siga calentando. Eso está bien.

 

El liderazgo de nuestra nación para estudiar y planear políticas públicas en relación con el cambio climático es destacable. Sin embargo, esas medidas formuladas desde el plano nacional deben llevarse a la escala municipal, tanto en inversión como en capacidades técnicas.

Tener documentos como el que elaboró el Ideam y contar con la política nacional de cambio climático son cartas de navegación de vital importancia, pero su valor solo será tangible si los motores locales aprehenden tal conocimiento para su gestión. Ese es, sin duda, el gran reto de las próximas décadas, junto con la paz. Los años que vienen son cruciales.

http://www.eltiempo.com/opinion/editorial/ciudades-y-cambio-climatico-101938

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